Hola!!

Tanto tiempo.

Desde junio no habíamos vuelto a aparecer por aquí ni en redes sociales. Pero no fue porque Mind Bloom dejara de importarnos o que renunciáramos a este trabajo. Todo lo contrario.

Lo que pasó fue algo mucho más profundo, complejo y a la vez normal.


Cuando nuestro cuerpo y mente nos pidieron una pausa

A mitad de año empezamos a sentir un cansancio que venía acumulándose hace tiempo.

Veníamos arrastrando (literalmente) muchas cosas sin pausa, sin vacaciones, sin espacios reales de descanso y de cuidado.

Y llegó un punto en que seguir al mismo ritmo ya no era sostenible. La pausa dejó de ser una opción y empezó a sentirse como una necesidad demasiado evidente.

Necesitábamos bajar el ritmo de verdad. No solo “organizarnos mejor”, sino detenernos, mirarnos, cuidarnos.

Empezar a hacer espacio para nosotras, no solo para el trabajo, las ideas, los proyectos, las personas a las que acompañamos en terapia.


No podíamos seguir sobreviviendo, teníamos que vivir

Con el pasar de los meses, además, atravesamos situaciones personales muy dolorosas que nos impactaron profundamente y que hicieron aún más evidente que no podíamos seguir funcionando en automático.

Fueron momentos que nos removieron y nos dolieron mucho y que nos llevaron a un punto que estaba sangrando y nos exigía que miráramos: no podíamos exigirnos estar bien, producir, crear o sostener el trabajo como si nada nos estuviera pasando.


La pregunta incómoda

Y ahí apareció una pregunta incómoda, pero necesaria:

¿Por qué sentimos/creemos que tenemos que seguir contra viento y marea, incluso cuando por dentro estamos más que agotadas o sobrepasadas?

Nos dimos cuenta de que estábamos en una situación que vemos muy seguido en consulta: seguir respondiendo, cumpliendo y haciendo, solo por la idea de que “hay que continuar”, aunque eso signifique pasarnos por encima

“El progreso solo por progresar, no debe continuar” (odio citar a Dolores Umbridge de Harry Potter, pero en esta parte tiene mucha razón!!).


Lo que empezamos a hacer distinto

Con más perspectiva, entendimos que lo que necesitábamos no era empujarnos más, sino tratarnos distinto. Y eso se fue traduciendo en cosas bien concretas:

  • Escucharnos, en vez de ignorar las señales internas.
  • Intentar ser nuestra amiga, no una jefa dura y poco flexible.
  • Organizar y respetar las pausas, no dejarlas para “cuando tengamos tiempo”.
  • Reconocer y respetar nuestros límites, no cruzarlos como si no importaran o como si no hubieran consecuencias.
  • Darle espacio a los pensamientos y emociones, incluso a las incómodas, dándoles la mano, escuchándolas y cuidándolas, en vez de pelear o resistirnos a ellas.

Esto no nos pasa solo a nosotras

Compartimos esto no solo para hablar de nosotras, sino porque sabemos que hay muchas otras personas a quienes les ocurre lo mismo: se exigen seguir, minimizan lo que sienten, postergan el descanso… hasta que el cuerpo o la vida misma obligan a parar.

Por eso es importante que sepas esto:

A veces el silencio no es abandono.
A veces es autocuidado.
Puede ser amabilidad y compasión.
A veces es la forma que encontramos de decir: “así como estamos, no podemos seguir”.


Volver desde un lugar distinto

Hoy volvemos a este espacio desde un lugar más coherente con lo que queremos transmitir en Mind Bloom: bienestar real, no autoexigencia disfrazada de responsabilidad.

Un bienestar que incluye límites, pausas y momentos en que simplemente no se puede con todo.

Gracias por seguir aquí, por leernos, por acompañarnos y también por permitirnos acompañarlas en sus propios procesos.

Un abrazo grande,
Andrea y Paula 

¿Te gustó? Recibe inspiración en tu bandeja de entrada!
📩 Únete a nuestra comunidad y recibe nuestras últimas publicaciones y recursos prácticos para nutrir tu crecimiento personal.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

Desplazamiento al inicio
×